Cuarentona con espíritu de veinteañera, isleña, un poco de historiadora del arte, mucho de psicóloga y todo de perita calígrafa. Digamos que durante una etapa de mi vida intenté ser muchas cosas y no llegué a serlo del todo. He tardado tres décadas en entender que la clave está en hacer lo que me hace feliz, y desde entonces me dedico a escribir. Me subí a la montaña rusa literaria en el 2012, cuando me presenté al V Certamen Internacional de Relatos Cortos Patricia Sánchez Cuevas. Contra todo pronóstico, el relato ganó el primer premio. Yo, que siempre había evitado mostrar mis escritos por vergüenza, me vine arriba y elegí el vestido para cuando subiera a recoger mi premio Pulitzer. (Siempre hay que soñar a lo grande). Como te imaginas, eso no ha sucedido. Así que lo único que he hecho desde entonces es escribir, amar la inspiración, buscar a mis musas, trasnochar por miedo a que se me olvide una idea, frustrarme, aprender y seguir escribiendo. Llevo acumuladas diez novelas y veintiún premios, unos más importantes que otros —algunos en España; otros, más allá del Atlántico— y que han servido para convertir en superlativa mi sonrisa y confirmar que me apasiona lo que hago.
Seguiré escribiendo
No es una amenaza, es una certeza.