Aunque me mudé a Madrid en 2017, nací y crecí en Cataluña, donde cada veintitrés de abril se habla de dragones, libros y rosas. Empecé a escribir y leer desde bien pequeña gracias a Harry Potter y desde entonces podría decirse que vivo obsesionada con los libros de fantasía, sobre todo con aquellos que incluyen romances apasionados. Así que no es difícil imaginar de dónde nace la historia Rosas de sangre.
Cuando no estoy escribiendo desde mi ordenador, o incluso desde mi móvil, trabajo en una agencia de publicidad dando forma a otro tipo de ideas.